En un principio, el ser humano utilizó el trabajo de los animales para mejorar sus condiciones de vida. Sin embargo, a medida que fue comprendiendo y dominando los procesos físicos y químicos, aprovechó cada nuevo descubrimiento en su beneficio buscando una mejor calidad de vida. Ésa es la historia del automóvil: el invento que nos ha permitido viajar más lejos, ir más rápido, cargar más peso en menos tiempo.

Los primeros carros sin caballos motorizados por el hombre estaban  equipados con ruedas dentadas, manivelas y engranajes muy primitivos. Fue con la llegada del vapor, cuando la fabricación de carruajes autopropulsados empezó a verse como una realidad y fue, en 1765, el suizo Nicholas Joseph Cugnot, el primer hombre en crear un vehículo totalmente mecánico. Obtuvo la financiación del gobierno francés.

cugnot

Dicho gobierno aseguró que su primer vehículo experimental llegó a alcanzar la velocidad de 5 Km/h y transportó a cuatro pasajeros en su primer viaje.

El segundo de estos vehículos aun se conserva en París.

Fue en 1801, cuando un ingeriero de Cornualles, Richard Trevithick, fabricó un carruaje  a vapor capaz de alcanzar los 19 Km/h e incluso disponía de un sistema de marchas.

La historia del automóvil es el resultado de cada una de las conquistas que se han logrado desde la invención de la rueda. Por esta misma razón, intentar poner una fecha u otorgar el título de inventor del automóvil es una tarea imposible: cada nueva innovación técnica, cada modificación  de un motor anterior, cada experimento con un sistema de propulsión han hecho posible este logro colectivo y sólo determinadas oportunidades han empujado el éxito en una dirección y lo han alejado de otra: durante el siglo XIX convivieron motores alimentados por vapor, gas eléctricos y los propulsados por derivados del petróleo. Incluso parecía que era el vapor el que ganaba la partida por potencia, autonomía, velocidad y desarrollo técnico. Sin embargo , los motores de combustión interna y el hallazgo de yacimientos de petróleo, reorientó lo que parecía una historia casi escrita hacia el desarrollo de los coches que conocemos hoy en día

La revolución industrial avanzó en Gran Bretaña, por lo que fue allí dónde continuaron desarrollándose vehículos a vapor hasta mediados del S. XIX, cuando Etienne Lenoir, en 1860, fabricó el primer motor de combustión interna. Dando lugar al primer viaje en coche entre París y Joinville (10 Km), tardando un total de 6 horas. Era realmente insuficiente, pero su pionero motor animó a otros ingenieros en la creación de nuevos motores más eficaces. El más relevante de ellos fue el de cuatro tiempos diseñado simultáneamente y casi de forma independiente por Gottlieb Daimler en 1876 y Karl Benz , que en 1885, acopló

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su motor a un chasis  tubular logrando así el primer coche de producción limitada.

La historia continúa con dos ingenieros franceses, Panhard y Levassor que empezaron a fabricar los motores Daimler de cuatro tiempos en 1890, pero no previendo futuro para los coches a motor decidieron vender sus derechos de uso en vehículos a la empresa francesa de quincalla y fabricante de bicicletas Peugeot. En 1891 se habían vendido 5 coches, al año siguiente de vendieron 29.

Mientras tanto Benz también había empezado a vender sus coches en Francia, pero no fue hasta la aparición del exitoso modelo  Viktoria de 1893 cuando empezó realmente la producción en serie.

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Benz Viktoria de 1893

Fue tal el éxito de Peugeot que Levassor reconsideró su anterior decisión de no fabricar coches, y tras un par de intentos sacó al mercado el famoso sistema Panhard con el motor en la parte delantera y tracción en las ruedas traseras mediante una caja de piñón móvil (método usado desde siempre en la mayoría de los coches)

A finales de la década de 1890 la demanda de motores crecía rápidamente y el lobby del motor británico mostró su fortaleza forzando la derogación de la ley por la que todo vehículo a motor debía ir precedido por un hombre a pie ondeando una banderola roja. Se organizó para el 14 de noviembre un viaje conmemorativo a Brighton con motivo de haber alcanzado la velocidad de 19 Km/h.

A finales de esta década Benz ya había fabricado su coche 2.000. Sea como fuere, la motorización estuvo siempre en manos de los ricos privilegiados y los excéntricos.; poca gente había puesto su mirada en el nuevo artilugio. Algo que estaba a punto de cambiar.

LOS PIONEROS DE LA COMERCIALIZACIÓN: 1901-1914

         El ingeniero  de Daimler, Wilhelm Maybach, aberió el nuevo siglo con un bombazo. Admitió un pedido del rico cónsul austro-húngaro en Niza, que le pidió un lote de 30 coches a los que insistía en llamar con el nombre de su hija Mercedes. Todos los coches de Daimler se llamarían así en lo sucesivo.

         Los Mercedes llevaron el diseño del coche a motor a nuevos cambios con su radiador en forma de panal, el chasis de acero prensado y una selección de engranajes efectuada por una palanca y no un cuadrante; el resultado sería el ejemplo a seguir por otros fabricantes.

         Estos coches no representaron al principio de siglo el crecimiento evolutivo del coche, ya que eran muy caros. Eso estaba reservado a los más pequeños y baratos utilitarios como los monocilíndricos de Renault o De Dion que fueron bastante imitados.

          En Estados Unidos la industria del motor estaba obstaculizada por una discusión  legal sobre una patente anterior relativa a los motores de combustión de gasolina a cargo del abogado George Baldwin Selden, pero el inconformista emprendedor Henry Ford afrontó los problemas y fundó en 1903 la compañía Ford Motor Company. El diseño de sus motores era parecido al de Lenoir (no al de Selden) que en 1908 se defendió de la legalidad e introdujo el inmortal modelo T.

La popularidad instantánea de este modelo fue tal que Ford tuvo que crear la primera planta de fabricación en serie para poder así satisfacer la demanda